Material elaborado por el departamento de Orientación del IES Lucía de Medrano



Ideas erróneas
Existen concepciones erróneas sobre el maltrato entre iguales y la comprensión del fenómeno que dificultan las actuaciones necesarias para prevenir o intervenir en este tipo de situaciones.
Si bien la mayoría de estas ideas se van superando poco a poco en nuestra sociedad, gracias a la mayor formación de los/as educadores/as y a los programas de sensibilización, es importante recordarlas y tenerlas presentes.
Por ejemplo, hay que tener en cuenta que existen otros conflictos en el contexto escolar que, si bien tienen una relevancia y seriedad importantes porque implican violencia y, por tanto, requieren igualmente una gestión inmediata por parte de la comunidad educativa, no pueden considerarse casos de acoso escolar, como las peleas aisladas o los actos de vandalismo.
Los casos de acoso escolar tienen las particularidades que hemos descrito con anterioridad e implican una persistencia temporal.
También debemos desterrar la idea de que el acoso puede resolverse por sí mismo sin mediación de los/ as educadores/as, considerándolo “cosas de niños/as”, pues muy al contrario, estos hechos pueden comportar graves problemas de salud física y mental, como cuadros de ansiedad y depresión que en última instancia devienen en algunos/as adolescentes en autolesiones e ideación suicida.
Estos comportamientos no pueden considerarse como bromas o como modas. Si bien el problema ha adquirido una visibilidad notoria por la mayor concienciación de la población y por su mayor difusión en los medios de comunicación, los estudios apuntan que esta problemática ha existido siempre.
Otro error es, precisamente, considerar que, puesto que ha existido siempre y “no ha pasado nada”, se puede ignorar y dejar que los/as implicados/as lo resuelvan por sí solos/as.
En ocasiones las víctimas reciben lo que se denomina una doble victimización, al ser señaladas como las causantes
Debemos desterrar la idea de que el acoso puede resolverse por sí mismo sin mediación, considerándolo “cosas de niños” provocadoras de la situación de acoso.
El “se lo merecía” es un grave error. No podemos justificar estas actitudes ni minimizar en ningún caso los comportamientos violentos.
En paralelo a esta idea, un peligroso mito implica considerar que la situación de acoso puede ser incluso beneficiosa para la víctima para que “se curta” y “se espabile” porque este tipo de cosas “fortalecen el carácter”. Lejos de fortalecer nada, el acoso escolar mina a los niños, niñas y adolescentes maltratados generando consecuencias negativas e incluso devastadoras.
Otro mito es considerar que se trata de un problema minoritario hacia personas débiles, o que sólo acontece entre chicos. No es así. El acoso escolar puede afectar a cualquier persona en cualquier centro educativo, tiene una prevalencia relevante en aumento, se puede detectar en cualquier curso educativo, si bien es más frecuente en la educación secundaria, e implica tanto a chicos como a chicas en todas sus manifestaciones posibles.
Hay que desterrar el estereotipo del agresor como un chico fuerte, procedente de una familia desestructurada, y que solo ataca a los compañeros/as más estudiosos/as: lo cierto es que no existe un único perfil concreto y exclusivo entre los bullies.
Como tampoco hay un perfil de escuela. El maltrato puede producirse en todas las escuelas, no puede asociarse exclusivamente con ciertas áreas y poblaciones, pues esta exclusión puede implicar que algunos centros decidan no aplicar programas de prevención aludiendo que en esos centros no existe el problema. Esta posición aumenta el riesgo de aparición de nuevos casos y de perpetuación de los existentes.
¿Sabemos identificar situaciones de acoso?
Aunque en los últimos años parece haber aumentado la sensibilización sobre el acoso en las aulas, todavía existe un amplio desconocimiento y dificultad para identificar las señales que pueden hacernos detectar que se está presenciando una situación de acoso escolar. Además, en ocasiones se observa cierta trivialización del acoso, así como de sus consecuencias. Lo que está claro es que nadie está libre de sufrir acoso por lo que saber identificar las señales, que en ocasiones suelen ser la punta del iceberg de lo que realmente sucede, es fundamental para advertir que algún/a menor de edad está siendo acosado y por lo tanto actuar desde el minuto uno. La detección temprana permite solucionar y erradicar más fácilmente un episodio de acoso.
Objetivos de la actividad
☑ Conocer las principales características del acoso escolar.
☑ Saber diferenciar el acoso de otro tipo de conflictos que pueden aparecer en el centro escolar.
☑ Analizar diferentes maneras en las que se ejerce acoso (físico, verbal, relacional).
☑ Ayudar a detectar las señales que permitan identificar cuándo se está ejerciendo acoso.
☑ Promover la no aceptación de ningún tipo de acoso.
Desarrollo
El educador o educadora responsable de guiar la actividad hará una presentación sobre los distintos tipos de acoso entre iguales que pueden darse en el contexto escolar.
En esta presentación se expondrán diferentes casos de ejemplos de acoso (se muestran en los anexos), aunque el profesorado también puede redactar otros que crea que puedan conectar con la realidad de su alumnado. Estos casos pueden ser recogidos a través de la observación del profesorado en los diferentes espacios escolares (aulas, biblioteca, patio, entradas y salidas, gimnasio…) y es importante asegurarse que los casos que se exponen reflejan diferentes tipos de acoso.
Cabe destacar que es recomendable que los casos que se presenten permitan trabajar también la política de acoso cero, entendida como la no aceptación, trivialización o justificación de ningún tipo de acoso.
Tras la presentación de los casos (bien del anexo o elaborados por el profesorado), se pide al alumnado que en grupos especifiquen el tipo de acoso de cada caso y planteen alternativas a estos modelos de comportamiento.
Además, cada uno de los grupos debe nombrar a una persona como portavoz para exponer:
- ☑ Los tipos de acoso que ha identificado.
- ☑ Las señales que han llevado a pensar que se trataba de acoso escolar.
- ☑ Algún tema que haya generado debate en el grupo o sugerir alguna pregunta (discrepancias en el tipo de acoso u otras cuestiones que consideren relevante compartir con el resto de la clase como, por ejemplo, si alguna de las situaciones se da muy a menudo en su centro.).
- Una vez presentadas las diferentes propuestas, se abrirá un debate con toda la clase con el fin de pensar propuestas respecto a los casos y situaciones expuestas, que logren frenar y erradicar el acoso.
